¿Hacia dónde vamos?

“Imaginemos que en vez de personas fuéramos olas de mar y se nos hubiera olvidado nuestra esencia, lo que nos constituye a todas y que no es otra cosa que ese mismo agua de mar.

Si yo hubiera perdido la conexión de quién soy en esencia, consideraría  a las otras olas no solo como distintas, sino también como distantes. Dicho de otra manera: sería incapaz de ver lo que lo que todas tenemos en común. Quizás en ese momento empezaría a compararme y fijarme en si soy más grande e importante o más pequeña e insignificante que las demás. 

Por otra parte, y al darme cuenta de que cada vez más me acerco a mi final, haría lo posible para resistirme con todas mis fuerzas a esa muerte que me espanta. No soy para nada consciente de que, además de ser una ola de mar, soy una ola hecha de mar y por eso, aunque la forma muere y desaparece, la esencia permanece.

Con esta metáfora podemos comprender que hay un momento en el que vamos a dejar de existir porque nuestra forma va a desvanecer, va a desaparecer. Sin embargo, como esencia (como agua de mar), no dejaremos de existir jamás. La ola nace y la ola muere, pero el agua, que es vida, permanece.” (Mario Alonso Puig, ¡Tómate un respiro! Mindfulness). 

¿Hacia dónde vamos? Es la pregunta que me hago desde hace mucho tiempo y en estos últimos meses se ha intensificado mucho más.

Nos encontramos en una sociedad llena de egos y de una incoherencia absoluta. Decimos unas cosas y hacemos justo las contrarias. La incoherencia no es un buen polizón de viaje por esta vida, pues nos llena de conflictos, nos llena el odio, de resentimiento, de culpa, de miedo… emociones que nos dividen, que no suman. Olvidándonos, como muy bien nos expresaba la metáfora, de que todos somos olas de un mismo mar y que todos juntos podemos construir ese inmenso mar lleno de amor, alegría, calma, gratitud… emociones que si nos suman. Ellas nos hacen conectar con nuestra coherencia, por lo tanto con nuestra calma mental.

De verdad es necesario que las olas se dividan y pierdan fuerza porque, en caso contrario,  el mar dejaría de ser mar. Por eso ellas se dan la mano y vienen unas detrás de la otra a construir, a sumar. Sería muy bueno que aprendiéramos de la naturaleza, ésta es una verdadera maestra y qué poca atención le prestamos. ¡Tenemos que aprender tanto de ella y desaprender tanto de los humanos! Ellos que se creen invencibles, que son capaces de controlar todo, que todo les pertenece y lo dan por hecho. La palabra RESPETO se perdió para muchos, se impusieron las verdades absolutas, o estás conmigo o contra mí. Dónde quedó ese punto de encuentro donde todos y cada uno de nosotros podamos convivir, pues nadie es mejor ni peor que nadie simplemente DIFERENTE. Esa es la clave, aceptar que somos olas diferentes dentro de un inmenso e infinito mar.

Somos nosotros los que tenemos que dirigir las olas con sentido, la mente, el ego, la rabia… nos dice que lo importante es llegar a la orilla, sin embargo no es verdad. Lo importante es ir juntas hacia la orilla.

Cuando en la vida nos encontremos a la deriva, por esas emociones que no suman, tenemos que tener la valentía de poner rumbo hacia la orilla con fuerza, optimismo, valentía de saber que podremos construir unas olas preciosas que son nuestra esencia, de ese gran mar. Siéntete viva, respira, mira a tu alrededor y tomate un momento para observar, qué oyes, qué tocas, qué ves y qué puedes saborear de todo aquello que te permita sumar, cógelo porque es gratuito y úsalo todo lo que puedas. Sería bueno que empezáramos con el AMOR, seguido de HUMILDAD, PACIENCIA, y a eso no le vendría nada mal añadir COMPRENSION, SABIDURIA, SERENIDAD, y como el camino es largo sumarle FUERZA, CORAJE, EQUILIBRIO, ARMONIA, PRUDENCIA, todo eso combinado con la ALEGRIA, LA PAZ Y LA FELICIDAD. Todo ello haría que cada momento de nuestro viaje o estancia aquí adquiera más sentido.

Así que vamos a comprometernos, a implicarnos a fondo para darle un sentido a nuestro mar y la travesía con todas las olas unidas, aportando cada una lo dicho anteriormente, lo que va a permitir que nos abramos a la experiencia y que solo de nosotros dependa construir un mundo que sume. Todo ello nos dará la fortaleza, la satisfacción de que todos somos uno, pese a las dificultades, las tempestades. Merece todo nuestro esfuerzo para seguir adelante, JUNTOS sin divisiones. Somos agua de un mismo mar, no se nos olvide. Tengamos coherencia, respeto, amor, alegría… que nos permitan SER.

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